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Silvia Barrera, experta de la Policía en cibercrimen: «Los acosadores en redes son siempre hombres cobardes»

Inspectora de la Policía Nacional, especializada en cibercrimen. Experta en acoso en la Red, da clases en varias universidades, ha colaborado con Interpol y escribió el libro Claves de la investigación en redes sociales.

Silvia Barrera. Madrid, 1977.

P. Se habla mucho de la violencia en redes sociales, ¿es un problema real o sólo la polémica de moda?
R. Es un problema real con delitos reales. De hecho, el delito es mucho más difícil de controlar en la Red que en el mundo físico. La gente percibe que se puede mover con impunidad en internet… y es verdad.

P. ¿Por qué?
R. Supongamos que se empiezan a perseguir realmente en serio los delitos en la Red. ¿Cuántas personas pueden estar cometiendo un delito a través de su móvil en este preciso instante? Millones. El número de sospechosos es inabarcable.

P. Pero aunque todo el mundo tenga móvil, quiero imaginar que casi nadie lo utiliza para delinquir.
R. No, pero se ha perdido el filtro social y eso multiplica los casos. Muy poca gente tiene la capacidad de moderar su pensamiento desde la mente a los dedos que teclean. Cuando alguien dice que un mensaje ha sido sólo un calentón, es mentira. Eso es lo que él es y eso es lo que él piensa, pero no ha utilizado un filtro que en el mundo real le sale automático.

P. ¿Nos ha atropellado como sociedad el boom de las redes sociales?
R. Sin duda, aún no sabemos controlarlas. Estamos viviendo una enorme revolución tecnológica para la que no estábamos preparados ni educados. Nos han soltado ahí a todos: ciudadanos, policías, delincuentes… y estamos adaptándonos sobre la marcha. La gente no es consciente de su poder ni de la repercusión que tienen sus actos en redes sociales. Muchos cruzan los límites sin saber que eso tiene consecuencias. Y esto va a ir a más.

P. ¿La Policía también está aprendiendo sobre la marcha a perseguir estos delitos?
R. Claro, nos lo encontramos de sopetón. Y el gran problema ha sido cómo enfocarlo, porque nos topamos con un Código Penal que ni recoge este tipo de delitos ni ampara que los persigamos. No hay jurisprudencia. Así que ves que alguien acosa y amenaza a través de redes y tienes que ir aplicando el sentido común policial para ver por dónde puedes colar una investigación dentro de las estructuras obsoletas en las que te mueves. Vas abriendo camino a ciegas. Aunque muy mal no lo habremos hecho cuando ya hay condenas.

P. ¿Y cuentan ustedes con medios suficientes para afrontar este cambio de escenario?
R. Llevo en la Unidad de Investigación Tecnológica desde que entré en la Policía, en 2007, y hoy somos unos 90 policías, diez más que entonces. Seguramente podría haber crecido más, porque todos los delitos tienen ya un componente virtual: estafa, pornografía infantil, ciberataques…

P. ¿Existe un perfil del acosador en redes sociales?
R. Son siempre hombres cobardes que encuentran un modo de acosar sin dar la cara. Buscan el protagonismo y la sensación de poder que en su vida real no tienen.

P. ¿Y su ‘modus operandi’ es siempre igual?
R. Sí, es sencillo reconocerlos: son personas que siempre están ahí. Empiezan captando la atención de la víctima con piropos y elogios. Buscan un feedback que, a menudo, obtienen. Un «gracias», un retuit, un like… Esto les retroalimenta e intentan ir un paso más allá: a ver si te veo, voy a ir a tu charla… Cuando la víctima se huele algo raro y deja de responder, ellos pasan al ataque por despecho. La obsesión va creciendo y nunca se sabe cómo termina eso.

P. ¿Cuántos dan el salto al mundo físico?
R. Casos muy aislados. Por fortuna, predomina la cobardía. El daño es psicológico, pero se infravalora su peligro y eso es un error. Porque la reputación digital es hoy tan importante o más que la física: te pueden hundir la vida para siempre. Por eso, la víctima no puede acostumbrarse y normalizar esos insultos y amenazas. Hay que actuar contra ellos.

P. Habla todo el rato de hombres…
R. Sí, claro. No nos hemos encontrado ninguna acosadora en redes. Todo hombres. Y en cuanto a las víctimas, hemos encontrado hombres amenazados, pero ninguno acosado.

P. ¿Son especialmente peligrosas las redes para los menores?
R. Los padres siempre culpan a sus hijos y a las redes, cuando el problema principal son ellos, que no saben cómo funciona el mundo en el que se mueven sus hijos. La mayoría nunca ha manejado una red social. Deben aprender cómo funcionan las redes y negociar unas normas de uso con los hijos. Espiarles con una cuenta anónima no arregla nada.

P. En estos casos, ¿cuál es su papel?
R. Nosotros poco podemos hacer porque sólo entramos cuando hay denuncia y ahí el daño ya suele estar hecho. De todos los delitos que hemos investigado, el 80% se hubieran podido evitar simplemente con que los implicados conociesen las reglas del campo en el que jugaban. Los padres no pueden tener miedo a prohibir algunas cosas a sus hijos. Les están haciendo un favor en muchas ocasiones.

P. El Gobierno habla de prohibir el anonimato en redes sociales, ¿arreglaría algo?
R. Da igual, porque eso en la práctica es imposible. Las redes sociales no lo van a tolerar porque va contra su naturaleza. Se alimentan del anonimato, de que millones de usuarios se expresen sin preocuparse. Ninguna va a exigir una identificación. Tuenti lo intentó simplemente para comprobar que no había menores y ¿dónde está ahora Tuenti? De todos modos, mucha gente seguiría cruzando las mismas líneas sin ser anónima. El problema es la distancia física, no el anonimato.

P. ¿Colaboran las redes sociales con la Policía a la hora de perseguir estos delitos?
R. Cuando ellas estiman oportuno, porque operan en otros países y no hay una ley que les obligue. Es azar: a veces, por un insulto menor te dan todos los datos y, luego, en investigaciones de acoso mucho más graves no te dan información. En todo caso, lo que deberían hacer es ser menos tolerantes con determinados mensajes y perfiles: actuar y sancionar antes y con mayor contundencia.

Fuente
El Mundo

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