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Los demonios de Ruben Semedo

Su ingreso en prisión ha puesto bajo el foco a un chico criado en un barrio conflictivo cerca de Lisboa y cuyo padre fue arrestado cuando él tenía 5 años

Semedo llega esposado por la Guardia Civil al juzgado, este jueves.

Para tratar de entender cómo puede haber terminado en prisión Ruben Semedo (Amadora, Portugal, 1994) quizás haya que echar la vista atrás. Sin que sirva de excusa, lo cierto es que el jugador del Villarreal, cuyos padres son originarios de Cabo Verde, nació y creció en un entorno difícil, el que ofrecía el barrio de Casal da Mira, un sitio, a las afueras de Lisboa, en el que no son extrañas las redadas ni las emboscadas a la Policía y donde la semana pasada, sin ir más lejos, fue tiroteado un hombre en, presumiblemente, un ajuste de cuentas.

Hay que sumarle a ello una familia desestructurada. Su padre fue arrestado cuando Semedo apenas había cumplido cinco años, dejando a su madre sola con dos hijos (tiene una hermana) que sacar adelante. Cuentan que el chaval tuvo que renunciar a jugar en los infantiles del Sacavenense por no poder pagar el transporte y aparcó el fútbol durante unos años hasta que recaló en el sub’16 del Futebol Benfica, un club que milita en la tercera división portuguesa, de donde lo reclutó el Sporting de Portugal.

En ese entorno, los amigos del barrio debieron convertirse en poco menos que una segunda familia para el futbolista. Dos de ellos le acompañaron el pasado verano, según apuntan en Portugal, en su salto a España, donde ya había jugado. En 2014, el Sporting de Lisboa lo mandó cedido al Reus, de Segunda División B. «Era importante alejarme del ambiente en que estaba y de las malas influencias. Me encontré una ciudad tranquila en la que me trataron muy bien», explicaba Semedo en una entrevista a Maisfutebol.

«Protagonizó algún acto de indisciplina»

En el equipo catalán, sin embargo, ya dejó muestras de un carácter «raro». La definición es de un compañero suyo en el Reus, quien explica a EL MUNDO que ya entonces tuvo «algún problemita» pero, desde luego, sin llegar al nivel del que le ha llevado a prisión. «El trato personal con él era bueno, pero tenía un carácter un poco extraño. Alguna vez llegaba tarde a algún entrenamiento y protagonizó algún acto de indisciplina. Recuerdo, por ejemplo, que se enfadaba mucho cuando no jugaba, más de la cuenta, incluso insultaba. Entonces tenía 20 años y la cabeza poco amueblada», prosigue.

«Aquí lo hicimos madurar, creo que la temporada que estuvo le vino muy bien». Quien habla ahora es Sergi Parés, director deportivo del Reus, quien también destaca el «carácter fuerte» del jugador y, a la vez, su «buen fondo». «Cuando vino, ya sabíamos que tenía algunos antecedentes de indisciplina y que venía de un entorno difícil. Era un chico muy extrovertido, con carisma, que se integró bien en el vestuario», analiza. Ayudó a ello la presencia de varios compatriotas, entre ellos el veterano Vitor Silva. «Aquí estuvo muy arropado», añade Parés, que en alguna ocasión tuvo que atemperar los ánimos de un jugador que a veces no encajaba bien su suplencia.

Una nueva cesión

El futbolista parecía haberse enderezado cuando regresó a Portugal, ya directo al primer equipo, aunque viviría una nueva cesión de seis meses al Vitoria de Setúbal antes de asentarse en el Sporting. Para entonces ya había sido internacional en las categorías inferiores de la selección lusa. Jorge Jesús, técnico del conjunto lisboeta, le consideraba «el futuro defensa central de la selección».

«Cambié mi mentalidad. Vi que sólo jugando al fútbol podía dar a mi familia el futuro que precisaba», afirmaba Semedo en una entrevista. Una familia que se ampliaba tras el nacimiento de su hija Estela, que tiene ahora cinco años y de cuya madre se separó el futbolista durante la época en que se gestó su fichaje por el Villarreal. El club castellonense desembolsó 14 millones de euros el pasado verano por un jugador cuya discreta temporada (sólo ha jugado cinco partidos por culpa de las lesiones) ha quedado totalmente eclipsada por su comportamiento fuera del terreno de juego. Semedo ha compaginado los últimos meses sesiones de recuperación con salidas nocturnas por Valencia en las que ha dejado un reguero de incidentes, con agresiones y amenazas incluidas. Poca cosa comparada con los delitos que le han llevado a prisión, que no desentonarían en el guión de Reservoir dogs y que cometió, presuntamente, junto a los dos amigos que se trajo de Portugal.

El defensa, a quien el Villarreal ya ha suspendido de empleo y sueldo a la espera de resolver el expediente disciplinario que le abrió tras su detención, está en prisión mientras es investigado por los presuntos delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, amenazas, detención ilegal, tenencia ilícita de armas (se encontró una pistola en el chalet en el que reside, donde también tenía montada su propia discoteca) y robo con violencia. Más que suficiente para truncar la que parecía una prometedora carrera en el mundo del fútbol y que ahora se ve en serio peligro porque se enfrenta a penas de prisión que superan los dos años, con lo cual debería entrar en la cárcel si es condenado.

Fuente
El Mundo

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