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La biblioteca de los libros salvados de la basura

En lo que fue un antiguo horno de ladrillos, desde hace ocho meses acoge una biblioteca con 4.750 libros. Todos ellos rescatados de un vertedero de basuras cercano.

Exterior de la fábrica de ladrillos abandonada. CRÓNICA

En medio del valle Imrahor, al sur de Ankara, se levanta una vieja fábrica de ladrillos. En un descampado en el que enfilan un centenar de camiones de basura. Un lugar al que no terminan de llegar los ruidos de la ciudad en ebullición. La deteriorada construcción es un armatoste de dos pisos con paredes que alguna vez fueron granates o anaranjadas. Los signos de más de dos décadas de abandono. Pero hace un año y medio que este edificio tiene nueva vida. Como el tesoro que desde hace ocho meses guarda, en estanterías, a lo largo de su pasillo: libros salvados de terminar en el vertedero.

Esta es la historia de cómo los recolectores de basura del distrito de Cankaya, en la capital turca, han transformado ese ruinoso edificio en una singular biblioteca. Construida, palmo a palmo, con obras encontradas entre los desperdicios. Esos libros que sobran en las casas y se desechan sin más. Ejemplares olvidados por unos que se tornan valiosos para otros. En poco tiempo, la curiosa iniciativa de los limpiadores turcos ha acaparado la atención del país entero. Y ha dado la vuelta al mundo, al punto de que hasta CCTV-13, el primer canal de noticias de China, ha transmitido desde sus instalaciones.

Vestido con el característico uniforme, en verde claro y oscuro, Dursun Ipek cuenta en un vídeo la génesis del proyecto. El recolector -fornido y que ronda los 50 años- dice que un día él y sus compañeros encontraron unas bolsas junto a los cubos de basura. En su interior descubrieron decenas de libros en buen estado. A ese hallazgo le siguieron otros similares. Después de hablar con sus jefes, y ante la creciente presencia de libros entre los residuos, optaron por crear la biblioteca. De eso ya hace ocho meses.

Otro ángulo del exterior de la fábrica. CRÓNICA

El lugar elegido para montarla fue la sede del Departamento de Saneamiento, ubicada en los terrenos de una antigua fábrica de ladrillos en Imrahor. En concreto, utilizaron los espacios del edificio principal del complejo, donde antaño funcionaban los hornos. La restauración del inmueble empezó -con intermitencia- en 2000, aunque en 2016 se inauguró como espacio de ocio y descanso para los trabajadores. Llegaban hasta allí en sus horas libres, sobre todo, para jugar al ajedrez. Después vino la adaptación, en la planta baja, para añadirle la biblioteca y otros espacios: una cafetería, una barbería, espacios de descanso y las oficinas de los administradores.

20 años de abandono

La edificación, construida en 1970, se sumaba a la docena de hornos de quema de ladrillos que desde hace 60 años empezaron a proliferar en la zona. Con el paso del tiempo quedaron dos, trabajando bajo estrictas regulaciones ambientales. Antes de convertirse en un centro de recolección de basura (y área de recreación), el taller sobrevivió a un polémico proyecto de construcción que el municipio metropolitano tenía pensado hacer en sus terrenos. Un tribunal superior rechazó este plan y vinieron los 20 años de abandono.

La nueva cara de la fábrica, levantada en piedra, cemento y adoquines, incluye filas de neumáticos -pintados en rojo y verde- que hacen de maceteros. Porque en este lugar, la ley del reciclado se aplica más allá de los libros. La entrada está en la fachada principal, custodiada por una puerta de vidrio y cobijada por una escalera de metal. Sobre el portal, en un letrero blanco y negro se lee: «Kitap Okuma Salonu» (sala de lectura).

Atravesar el umbral es como entrar en una cueva. La biblioteca se extiende a lo largo de un pasillo de techo abovedado y paredes de terracota. Las estanterías violetas y grises se intercalan con mesas y sillas de madera de variados estilos y con amplios ventanales por donde entran los rayos del sol.

Son 4.750 los libros que ya ocupan su lugar en los anaqueles y otros 1.500 más que esperan a ser ubicados. De 17 géneros diferentes. Hay obras de terror y literatura clásica. Best sellers como la saga de Harry Potter y Cincuenta Sombras de Grey. Volúmenes de economía, salud, historia, ciencia o arte. También opciones para los niños, cómics y revistas. Tampoco faltan libros de Alejandro Dumas, Homero, Charles Dickens, J.R.R. Tolkien o de Orham Pamuk, el único turco premiado con el Nobel de Literatura.

Kudret Altuntas, director de Asuntos de Limpieza, cuenta a Crónica que entre los miles de ejemplares se esconden también piezas peculiares, como un libro de manualidades y tejidos que data de 1940 y varios periódicos de los años 50 perfectamente conservados. Y la joya del lugar, que además fue uno de los primeros hallazgos: 20 volúmenes de la enciclopedia Ana Britannica. Altuntas revela, además, que hasta los primeros días de febrero se habían prestado 423 obras.

Los libros han sido rescatados de vertederos, y la fábrica ha sido reconvertida en biblioteca. CRÓNICA

El registro de préstamos y devoluciones corre a cargo de Eray Yilmaz, de 20 años. El municipio de Cankaya lo contrató a tiempo completo para que hiciera las veces de bibliotecario. De guardián de este tesoro literario. Sentado en su pequeño escritorio, junto a la entrada, lleva las cuentas en un ordenador de los libros que salen y los que se devuelven. El joven se encarga, además, de catalogar y dar el visto bueno a las obras que traen, en cada turno de noche, sus compañeros. Lo hace junto a Emirali Urtekin, el gerente de centro de recolección de la biblioteca. Las nuevas adquisiciones llegan en bolsas de plástico que se almacenan en una habitación cerrada. Una vez que reciben la «estampa de aprobación» de los encargados, pasan a exhibirse en los anaqueles.

En las últimas semanas, desde que el proyecto se hizo conocido, las donaciones se han sumado a los volúmenes rescatados de la basura. Más de 3.000 obras, según Altuntas. Es una colección que no deja de crecer. Como la afluencia de usuarios y curiosos que llegan hasta las instalaciones. La iniciativa, que estaba pensada en un principio sólo para los cerca de 1.000 trabajadores de limpieza del distrito, ahora está abierta a todo el público. Pero no ha perdido su esencia. Los lectores habituales siguen siendo los recolectores. Yilmaz detalla que al menos seis de ellos la visitan todos los días. Como Serhat Baytemur, de 32 años, quien soñaba con crear una biblioteca en su casa. «Ahora la tengo aquí», dice. El lugar se ha convertido para sus colegas y para él en una suerte de santuario.

Urtekin asegura que esta iniciativa les ha dado «una nueva identidad». Es un proyecto que poco a poco va tomando forma. Un ave fénix renacido de la basura y el abandono. Incluso tienen convenios con ONG y centros penitenciarios. En un futuro quieren acondicionar los camiones de basura en desuso para que funcionen como bibliotecas móviles y puedan llegar a las escuelas menos favorecidas de Ankara.

Fuente
El Mundo

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