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Bruselas y Berlín piden pagar más a la UE para cubrir el agujero del Brexit

Holanda, Austria y Suecia se oponen mientras comienza el debate de si reducir las ayudas de la Política Agrícola Común y los fondos de cohesión

El primer ministro belga, Charles Michel, saluda a la canciller alemana, Angela Merkel, antes de la cena de jefes de Estado de la UE, ayer en Auderghem – Efe

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países que permanecerán en la UE después de la salida de los británicos se reúnen este viernes en Bruselas para analizar el futuro de la Unión. Y en el primer punto de la discusión figura el hecho de que la salida de un país contribuyente neto va a dejar un hueco en el presupuesto comunitario. Las negociaciones para el próximo periodo presupuestario, que van a empezar en los próximos meses, amenazan con ser más complejas que las del propio Brexit.

El agujero que deja la salida del Reino Unido se calcula en unos 10.000 millones de euros anuales. Y eso sucede en un momento en el que la propia Unión ha emprendido una ambiciosa carrera para actuar en otros campos en los que hasta ahora no se había interesado, como la defensa, la protección de las fronteras exteriores y una verdadera política de seguridad. La conclusión es clara: si hay menos ingresos y se quiere actuar en políticas nuevas, será imprescindible que haya recortes en las principales ayudas comunitarias: en la Política Agrícola Común (PAC) y en los fondos de cohesión, que suman tradicionalmente dos tercios del presupuesto comunitario.

Alemania encabeza la lista de los países que están de acuerdo en que todos aporten más (y acepten recibir menos) para mantener la misma ambición financiera para la UE y no transmitir a las políticas europeas la sensación de desánimo que puede generar el Brexit. Pero hay otros gobiernos que insisten en que hay que actuar de forma similar a como se hizo con el tamaño del Parlamento Europeo, en el que el Brexit servirá para reducir el número de diputados. Es decir, prefieren que la reducción del tamaño signifique también una reducción paralela en las ambiciones del proyecto europeo. Incluso hay propuestas, animadas por países como Holanda, para introducir elementos de condicionalidad a la hora de beneficiarse de las ayudas europeas, como ha sucedido con los países rescatados.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que viene de Polonia, el país que en estos momentos es el más beneficiado por los fondos estructurales de cohesión, ha pedido a los gobiernos nacionales que empiecen cuanto antes la discusión sobre plazos y objetivos, para evitar las tradicionales negociaciones de madrugada a cara de perro a la hora de aprobar el próximo periodo plurianual de presupuestos que comienza en 2020.

El Parlamento Europeo, por su parte, aprobó este jueves mismo un informe en el que reclaman aumentar el presupuesto. Según los cálculos de los eurodiputados, los límites máximos de gastos del marco presupuestario deberían elevarse al 1,3 por ciento del PIB de la UE, frente al 1 por ciento actual, que ya es una reducción respecto al porcentaje precedente.

La Comisión Europea también pide elevar la contribución de los países miembros. Ha adelantado su propuesta legislativa, que será hecha pública el próximo 2 de mayo, y que prevé recortes en los fondos agrícolas y de cohesión, pero al mismo tiempo pide a los estados una subida «moderada» en sus aportaciones, que estaría entre el 1,1% y el 1,2% para poder actuar en nuevas políticas.

Antieuropeísmo

Los gobiernos están en una situación perversa, porque unos creen que aumentar el presupuesto comunitario puede aumentar el sentimiento antieuropeo, mientras que otros consideran que no hacerlo sería aún más perjudicial para animar a los euroescépticos. Tusk y el responsable de los presupuestos en la Comisión, el alemán Gunter Oettinguer, creen que las capitales deberían hacer un esfuerzo excepcional para cerrar las negociaciones antes de las elecciones de mayo del año que viene.

Para España la situación es relativamente compleja. Antes de la crisis estaba claro que los números de nuestra economía nos situaban por encima de la renta media de la UE, por lo que dejábamos de estar entre los países beneficiarios. La crisis nos ha mantenido con un saldo neto positivo, pero todo indica que después de la salida del Reino Unido es muy posible que volvamos a una situación de contribuyente neto. El Gobierno cree que es posible buscar un equilibrio, es decir, aumentar las contribuciones nacionales, de manera que no se pierdan los fondos de cohesión y que, como dijo una fuente diplomática española «todos los ciudadanos mantengan la posibilidad de ver los efectos benéficos de Europa en su vida».

Fuente
ABC

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